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En Internet muchos somos conscientes del tratamiento escaso y parcial (por decirlo suavemente) que los medios tradicionales han hecho de temas como la propiedad intelectual, software libre, canon digital, patentes, copyright, neutralidad de la red y otros. Y creo que la mayoría también entendemos que sería absurdo pensar que el velo informativo se reduce únicamente a esas cuestiones.

Si sé que no puedo fiarme cuando hablan de “pirateo” sin mencionar siquiera la copia privada, si sé que esa información se basa en intereses económicos y no tiene intención de ser veraz, ¿cómo puedo fiarme de lo que dicen, o callan, sobre cuestiones que afectan a intereses mucho más poderosos, como el déficit, los recortes y la austeridad, las privatizaciones o las estafas bancarias?

Una persona desinformada no es consciente de los problemas ni de las alternativas, es alguien que no tiene base para dudar de lo que le quieran contar; es alguien inseguro, que ha llegado a creer que la realidad es demasiado compleja para poder entenderla; y es alguien dócil, que no tiene más remedio que confiar en lo que otros le dicen que es mejor para él.

El motivo de ésta entrada es ofrecer algunas fuentes de información alternativa, en las que se pueda escuchar lo que no suele ofrecerse desde los “mass media”. El punto de vista que tu madre o tu abuelo, que creen a pie juntillas lo que sale en la tele, y sólo eso, no van conocer. Una versión de la realidad mucho más rica, variada y coherente que las que se limitan a culparte a ti de los problemas de un sistema al que nunca le has importado.

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Esta entrada iba a ser un comentario en una bitácora de Ricardo Estalman sobre el dinero de Wörgl, una moneda basada en las ideas de Silvio Gesell, con la particularidad de que pierde valor con el paso del tiempo, algo que puede incentivar el consumo y aliviar las recesiones. Recomiendo su lectura, es realmente interesante, tanto la entrada como los comentarios.

Pero llegué un poco tarde y me estaba extendiendo demasiado, para variar, y además se me han colado las coyunturas estivales, así que he preferido abrir una nueva entrada sobre el tema… y de paso me enrollo a gusto :P

También debo aclarar, antes que nada, que no puedo dar una respuesta muy concluyente, no sé demasiado sobre este tema y tampoco he leído la obra de Silvio Gesell. Pero sí creo que puedo explicar algunas cuestiones básicas que pueden resultar interesantes para quien no tenga muy claras las implicaciones.

* En el principio hubo una gran explosión… :)

La función primordial del dinero es facilitar el intercambio de bienes y servicios. Simplifica el trueque, evidentemente, no hace falta explicarlo, pero es importante tener en cuenta que no se trata sólo del intercambio físico, el dinero también facilita la valoración de los bienes, sirve como patrón de referencia. ¿A cuánta leña equivale un saco de manzanas? ¿Y a cuántos huevos? Apreciar todos los bienes según el mismo patrón, la moneda, también ayuda a reducir la incertidumbre y a simplificar el proceso comercial.

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Recientemente el economista jefe del FMI, el francés Olivier Blanchard, nos sorprendía describiendo la economía global como una “montaña rusa” con “mercados esquizofrénicos” en la que la incertidumbre condicionará su marcha, especialmente en Europa.

Digo que nos sorprendía no porque sea un descubrimiento sorprendente, sino porque es llamativo que hasta el FMI, el gran adalid de las políticas neoliberales, el abanderado de los recortes y la austeridad, el paladín de los mercados libérrimos, acabe reconociendo que algo no funciona en ellos: los mercados parecen como esquizofrénicos: piden consolidación fiscal, pero luego reaccionan mal cuando la consolidación genera menos crecimiento”.

No son los únicos, algo antes ya nuestros sabios gobernantes nos dejaban claro su desconcierto ante la reacción de los oráculos que interpretan los designios de los dio… perdón, de los mercados: Y creo que no lo entiende nadie. Cristalino.

Resulta alentador comprobar que estamos en manos de expertos cuya incomprensión está, como poco, a la altura de los reputados economistas del FMI. Incluso anticipándose a ellos en el descubrimiento de que es bastante paradójico que las medidas que provocan contracción y desempleo puedan, en definitiva, resultar perjudiciales para la economía…

Hace más de medio siglo, en 1954, John Kenneth Galbraith publicó “El Crash de 1929“, una obra imprescindible para entender aquella crisis (y en muchos sentidos también para entender ésta), que aún sigue reeditándose, y que recomiendo vivamente a cualquiera que tenga un mínimo interés en el tema (de verdad, aunque pueda parecer plomiza está escrita en un lenguaje claro y sencillo, para todos los públicos, y trufada de una ironía tan deliciosa como incisiva, por lo que resulta muy agradable de leer).

Hace poco, casualmente, estuve hojeándola de nuevo y tropecé con alguna de esas cosas que hacen pensar en lo mucho que han cambiado las cosas… para que todo siga igual:

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Las medidas de austeridad de EEUU y la UE están llevando a la economía mundial al desastre, en un torpe intento por complacer a los mercados financieros globales, según se afirma en un informe elaborado por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por sus siglas en inglés), titulado “Desafíos post crisis en la economía mundial”.

En este informe se critican las políticas económicas europeas y estadounidenses, al tiempo que demanda mejoras salariales, una regulación más estricta de los mercados financieros, incluyendo el regreso a un sistema administrado de tipos de cambio y el fin de un pensamiento liderado por la lógica del mercado. “Las actuales políticas son un desastre”, afirmó el principal autor del informe, Heiner Flassbeck, jefe de la división de estrategias para la globalización y el desarrollo dentro de la UNCTAD y ex viceministro de Finanzas de Alemania:

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Los rescates son contraproducentes“. Entrecomillado, ya que lo dijo recientemente Joseph Stiglitz, en las jornadas del Círculo de Economía. Explicó unas cuantas cosas bastante interesantes sobre los mecanismos de “rescate a las economías endeudadas” (*). Negritas mías:

Se traspasa la deuda del sector privado al Gobierno que tiene que responder con recortes que se trasladan a los ciudadanos. Esa austeridad provoca una caída general de los salarios, del consumo y de la fiscalidad que no hace sino empeorar las cosas.

Pongo un ejemplo, sobre Islandia, para ver las diferencias: si el gobierno islandes hubiera aceptado hacerse cargo de la deuda de Icesave con sus acreedores británicos y holandeses, lo que habrían hecho es traspasar la deuda de un banco privado al sector público, generando un enorme gasto extraordinario que les hubiera obligado a hacer recortes sociales (al margen de que ya hubiera otros), lo que se traduce en degradación de los servicios públicos y contracción económica, por la reducción en la demanda, lo que a su vez provoca un descenso en los ingresos del estado, lo que les obliga a recortar aún más, lo que vuelve a contraer… Se entiende, ¿no?

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Y sobre todo asumir que la pobreza existe y siempre existirá. De hecho intentar acabar con la pobreza e intentar acabar con la necesidad de trabajar es lo mismo. La gente no va a trabajar por gusto, la pobreza es necesaria para que la gente mueva el culo para mantenerse alejada de ella.

Las negritas son mías, resaltan lo que me resulta especialmente indignante, aunque toda la cita me lo parece. Lo malo es que este párrafo lo he sacado de un comentario en Barrapunto, no proviene del ideario de algún régimen totalitario, y tampoco es de principios del XIX, cuando algunos veían normal trabajar doce horas al día, desde los diez años de edad y por un salario de subsistencia. Lo peor es que no es la única vez que he escuchado opiniones parecidas en los últimos meses.

Curiosamente el contexto siempre ha sido similar: quien sostiene esas ideas defiende también la reducción de derechos laborales, de salarios, y/o de protecciones sociales. Y caen en unos argumentos circulares curiosamente cataclísmicos, en los que se defienden esas reducciones como única forma de evitar una pobreza que, de todas formas, consideran inevitable. Y a la vez rechazan luchar contra ella mejorando prestaciones y salarios, ya que supuestamente las personas dejarían de trabajar, llevando a toda la sociedad, nuevamente, a la pobreza…

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