Esto iba a ser un comentario en una bitácora de manje, pero como la entrada ya es un poco viejuna, y el tocho que me está saliendo también es considerable, he preferido postearlo aquí.

En esa entrada, sobre la ciberprotesta realizada hace unos días, manje habla, entre otras muchas cosas, de tener en cuenta los “daños” que pueden provocarse a terceras personas, y de otros factores que hay que contextualizar para justificar la legitimidad de una protesta. Aunque estoy de acuerdo con la mayoría de lo que dice, yo no opino que esa legitimidad sea tan contextualizable.

Por ejemplo, sobre los “daños colaterales”, es obvio que no se producen sólo en un ataque DDoS, en cualquier movilización ciudadana es frecuente que resulten afectados terceros que son ajenos al motivo de la misma, como cuando se cortan calles, pero eso no descalifica la protesta. Es obvio que el número de esos perjudicados dependerá de la cantidad de gente que acuda a la convocatoria, en este caso, si el DDoS lo siguen pocos no hará mucho efecto, si es masivo tumbará lo que se le ponga por delante, causando más de esos “daños colaterales”. Pero es que, si es masivo, es porque mucha gente considera que la protesta es legítima y necesaria.

No digo que la cantidad de participantes justifique los perjuicios a terceros, de ninguna manera. Se trata de que si hay mucha gente dispuesta a apoyar una protesta es porque tienen algún motivo, y esa es la cuestión: el responsable de los perjuicios es quien ha provocado tanta indignación como para movilizar a tantas personas.

En cualquier protesta, cada uno de los participantes sólo es responsable de decidir su propia asistencia, no la del resto. De la misma manera que una concentración de diez personas con sus pancartas, ante una sede determinada, no necesita cortar la calle, una de diez mil personas cortará medio barrio, le pese a quien le pese, y el culpable de que se perjudique a otros es quien ha dado motivos para movilizarse a tantos manifestantes.

Culpar a quienes protestan es enormemente falaz, sirve para desviar el tema de las cuestiones de fondo y para culpabilizar a quien está dispuesto a manifestarse, pero llevamos tiempo siendo bombardeados con ese mensaje, hasta el punto de haberlo interiorizado como algo normal.

Por supuesto, nunca puede ser admisible que unos pocos individuos usen una botnet o algo similar para hacer un ataque, sería como intervenir el sistema de semaforos de una ciudad para bloquear el tráfico, algo que la ley debe castigar, sin ninguna duda, pero que no puede compararse a una manifestación que bloquee ese mismo tráfico.

Tampoco se “coarta la libertad de expresión” por un ataque DDoS, eso es absurdo. Si fuera así podrías denunciar a quien aloja tu web, ante una avería, por “atentar contra tu libertad de expresión”. El derecho a la libertad de expresión significa poder expresar tus opiniones sin que te metan en la carcel por ello, que es algo muchísimo más serio que esta idiotez.

Aquí estamos hablando de interrumpir un servicio, y eso en el peor de los casos, cuando el seguimiento es realmente masivo, y sólo por un tiempo predeterminado y limitado. Es exactamente igual que en el ejemplo de la manifestación interrumpiendo el tráfico: un inconveniente, más o menos serio, pero temporal.

Se trata de otro argumento falaz, consistente en victimizar a quienes han motivado la indignación ciudadana, para, de esta forma, deslegitimar cualquier posible protesta contra ellos, con la excusa de que se “coartarían” sus derechos. Y es otro mensaje que llevamos tiempo recibiendo. Cada vez es más habitual este victimismo mal entendido en el que parece olvidarse que los demás también tenemos derechos. Incluido el derecho a defender nuestros derechos.

Que la sociedad está terriblemente adormecida es algo que pocos ponen en duda. Lo que trato de explicar es que este tipo de argumentaciones falaces pueden ser parte del motivo de ese adormecimiento: aparecen con una frecuencia machacona en los medios de comunicación, a la misma altura que argumentos no falaces, estamos acostumbrándonos a ellas, nos empiezan a parecer normales y las estamos incorporando a nuestro ideario, hasta el punto de que empieza a ser necesario hacer un esfuerzo para captar las falacias que contienen. Su efecto es dar sensación de deslegitimidad y de futilidad, e incluso culpabilizar, a quien se plantee apoyar una movilización.

En mi opinión es necesario recuperar el espíritu de las protestas ciudadanas, que la gente vuelva a sentirse dueña de sus derechos, y responsable de defenderlos. Y que deje de sentirse atemorizada de perjudicar a quienes no tienen ningún problema en pisotear al prójimo usando todos los medios a su alcance.

Hay que recordar que el responsable de una protesta es quien provoca el motivo que origina esa protesta. Pero sobre todo cuestionar los mensajes que recibimos. Y otras cosas: ¿no protestar, a quien perjudica? ¿Y a quien beneficia?

Actualización: hay algo que no he explicado bien, y que debo aclarar. Cuando hablo de “daños colaterales”, o de “perjuicios a terceros”, me refiero a las molestias normales en cualquier manifestación ciudadana, como retrasos, calles cortadas, o el simple ruido y la aglomeración que pueden incomodar mucho a quienes viven en la zona de la protesta. Todos ellos inconvenientes lamentables, pero comprensibles. De ninguna manera me parecen justificables las agresiones o los destrozos de ningún tipo.

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